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La historia de Marita

Marita

Cada 17 de febrero (previo al día del cumpleaños de mi hijo) el teléfono suena aproximadamente a las doce menos cuarto de la noche. Es una llamada esperada, alegre y muy emotiva para mi hijo, Joshua, ahora de 27 años. Contesto sonriendo y digo "hola." La voz responde, "Mamá, gracias por darme la vida y por tenerme. Gracias por tener Dios y la fe en tu vida y por no hacerte un aborto." Mi marido está típicamente justo a mi lado y sabe exactamente quien me habla. Se nos llenan los ojos de lágrimas, y sonreímos.

Mi crianza católica e italiana era muy estricta con reglas rigurosas y con la inculcación de una moralidad alta. Salí con mi marido, Jeff, durante los últimos dos años de la secundaria. Me abstuve de tener relaciones sexuales durante aquellos dos años. Me abstuve durante toda mi vida, incluyendo los dos años de noviazgo con Jeff. Cuando Jeff fue a Alabama para estudiar con una beca de lucha, intentamos permanecer juntos, pero un amigo me dijo que Jeff salía con otras en Alabama. Comencé a salir con mis amigas y conocí a un tipo nuevo. Él era muy diferente a Jeff. Bajé la guardia y tuve por primera vez el sexo. De veras, no puedo decirles por qué. Aunque usamos un condón, me quedé embarazada.

Compartí por primera vez esta pesadilla (la cual era en aquel momento) con mi hermana Teri, y decidimos decírselo a Mary, la buena amiga de mi madre. Mary era muy rica y tenía un condominio en la Florida adonde a menudo nos llevaba de vacaciones. Ella me sugirió que, si lo deseaba, iríamos de visita espontánea a la Florida y me haría un aborto sin que nadie supiera que estaba embarazada. Irónicamente, el empleo que yo tenía en un balneario quebraba, y se me dejaron la indemnización por despido, cobertura del seguro y elegibilidad para recibir subsidio de desempleo. Nunca pensé seriamente en hacerme un aborto, entonces enseguida rechacé la oferta de Mary. Le dije que toda mi vida lo único que quería era casarme y tener bebés. Creía que me casaría con Jeff, pero mis planes habían cambiado y estaba segura de que nunca más estaría con Jeff. Sentía que Dios me regalaba este bebé como prueba para ver qué haría con tal regalo. Decidí que lucharía por este bebé y lo guardaría.
Teri y yo se lo dijimos después a mis padres. Era muy difícil como yo tenía tanto miedo, estaba muy avergonzada y sentía que les había fallado. Verlos abrazarse y llorar era muy difícil, pero sentía que tenía que ser muy fuerte y luchar por la vida que estaba dentro de mí. Mi madre empezó a hiperventilar, y llamamos al 911 temiendo que ella experimentaba infarto. Aquella noche la mayoría de mis parientes vino a la casa, dándome miradas de desaprobación que me dañaron mucho. Fue como mínimo una noche emotiva. Recuerdo que pasaba por la habitación de mi hermano y lo vi con la cabeza en sus brazos, sollozando sobre las noticias. Mi abuelo vino para verme y me ofreció 500 dólares para hacerme un aborto. Ahora reconozco que mi abuelo no pensaba claramente y sólo se preocupaba por lo que pensarían de mí mi familia y mis amigos. Mi madre me dijo que si el bebé fuera varón, nunca lo amaría porque le recordaría al padre biológico (que no le caía bien). Poco después de enterarme del embarazo, me di cuenta de lo que decía mi familia del padre biológico. Él no era lo que yo esperaba de un marido o de un padre. Le pedí alejarse.
Mi padre, la última persona que yo esperaba que me visitara aquella noche, entró en mi habitación. Él pudiera haber dicho, "Ya te lo dije" o me pudiera haber echado de la casa, pero en cambio me dijo que estaría ahí para mí y para el bebé y que podríamos vivir con él para siempre. Dijo que nunca me daría la espalda. Jeff también pasó por la casa aquella noche para ver si eran verdades las noticias que se habían propagado tan rápido. Cuando me acosté aquella noche, me sentí muy asustada y sola, excepto por la vida que estaba dentro de mí. Le recé a Dios como nunca le había rezado antes. Creí que tuve buenas relaciones con Dios durante todos esos años, iba a santa misa y rezaba, pero aquella noche, de repente me di cuenta de algo. Nunca había sentido a Dios tanto como Io sentí aquella noche. Lloré y le pedí a Dios que me diera la fuerza. Le pedí que me ayudara a luchar por la vida que estaba dentro de mí. Me parecía que Dios, mi bebé y yo estábamos haciéndolo juntos.

Las cosas mejoraron durante cada mes de embarazo. Mi familia se convirtió en una gran ayuda y se emocionaba con el nuevo bebé. Jeff y yo seguíamos hablando de vez en cuando, y él me visitó cuando volvió de Alabama. Era Nochevieja, tenía siete meses de embarazo, y Jeff canceló la cita que tenía para llevarme a cenar. Cuando vino a recogerme, lo primero que me dijo era que estaba bien guapa. Antes de volver a Alabama la próxima día, vino a visitarme para decirme que no pudo sacarme de la cabeza. Dijo que había salido con varias muchachas, pero quería pasar el resto de su vida conmigo y con mi bebé. Me pidió que me casara con él. Ocho meses después, nos casamos y nos mudamos a Alabama para su último año de estudios. Era muy difícil quitarle a Joshua de seis meses de mi familia como ahora lo adoraban completamente. Jeff y yo celebraremos nuestro veintisiete aniversario de boda el 13 de agosto.

Dios ha hecho mucho durante mi vida y siento que me ha probado muchas veces. Me acuerdo de haber preguntado si alguna vez Jeff podría querer a Joshua tanto como yo lo quería. Estaba convencida de que podría cuando Joshua tenía dos años y estaba totalmente deshidritado por culpa de la gripe. Cuando fuimos al Children's Hospital los médicos no pudieron colocar una vía intravenosa en ningún sitio debido al colapso de las venas. Joshua lloraba de forma histérica mientras lo sujetamos. Los médicos querían llevar a Joshua por sí mismo a una sala para intentar colocarle la vía intravenosa. Jeff les dijo a los médicos, mientras las lágrimas caían por el rostro, que de ningún modo traerían a su hijo a una sala sin él. Nunca dejó el lado de Joshua durante aquella visita. Nunca he dudado de ese tiempo en adelante el amor que Jeff tiene hacia Joshua.

Este año en el 17 de febrero, lo llamé a mi hijo antes de que él pudiera llamarme a mí. Le agradecé por ser parte de mi vida y por ser buen hijo y hermano de sus hermanas menores, Talia y Jenna. Joshua se casa el 31 de julio con una muchacha magnífica llamada Camille, y ella es otra bendición. Joshua le ha pedido a Jeff que sea el padrino de boda. Joshua me dijo que si podría ser la mitad de hombre y de padre de que Jeff es, entonces sería feliz. Ahora, 27 años más tarde, Dios sigue dirigiéndome. Me llevó a Pregnancy Decision Health Centers donde soy voluntaria y llevo un año y medio de servirles y aconsejar a los clientes. Cuando me acuesto por la noche, sé que afecto las vidas de otros y ayudo a las muchachas jóvenes que me recuerdan a mí de hace 27 años.

La historia de Joshua

Una carta del hijo de Marita

Mi madre quería que yo escribiera una carta que explicaría el otro lado del aborto. Siempre se oye hablar de lo que le pasa a la madre si tiene el bebé o si no lo tiene, pero raras veces se oye de lo que le pasa al hijo. Pues escribo esto sólo porque obviamente mi mamá decidió tenerme. Algunos días, el hecho de que yo podría no haber existido me ocurre más fuerte que en otros días. Mi mamá podría haber adoptado la solución más fácil, más egoista de abortarme, pero no lo hizo.

Soy mayor, y el coraje y la fuerza que mostró mi mamá me inspiran. ¿Estaba ella lista para tenerme? No; era una muchacha que trataba de encontrarse a sí misma y acababa de comenzar a fijarse metas para el futuro. ¿Era compasiva su familia? No; ella es de una familia católica, italiana y muy tradicional, entonces tener a un bebé fuera del matrimonio ni era opción para aquel entonces. ¿Se sentía sola? Me acuerdo de que me dijo que por la noche solía llorar hasta quedarse dormida, mientras se abrazaba el estómago, entonces supongo que a veces se sintió sola.

Estoy seguro de que ella estaba muerta de miedo. Hacerse un aborto hubiera sido la salida fácil, pero lo más bello de mi madre y de su historia es que me quería cuando yo ni tenía rostro. Eso es el amor incondicional que mi madre me mostró. Luchó por mi, por mi propia vida, aunque la gente le decía que abortarme era hacer lo correcto.

Cuando pienso de todo que mi madre sufrió para mí, es muy emotivo. Mi madre me permitió experimentar mucho cuando me permitió nacer. Mis abuelos me enseñaron valores morales y tradiciones, tengo un papá que se convirtió en uno de mis mejores amigos, gozo de dos hermanas que significan todo para mí, tuve la experiencia de sentirme estrella cuando practicaba deportes y me enamoré con mi alma gemela. He vivido una vida muy buena; mi mamá me dio la oportunidad de seguir viviendo. ¿Acaso se podría imaginar un regalo más noble? Es un regalo imposible de superar. Nunca podría devolverle el favor ni agradecerle suficientemente a mi madre por ser tan fuerte y por seguir su corazón aunque no estaría de acuerdo con su mente. Todas las relaciones que tengo en mi vida me importan, pero el amor y respeto que tengo hacia mi mamá son increíblemente profundos. Mi mamá... ¡mi héroe!


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